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Soledad, la novela maestra de Rubén Salazar Mallén


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Si tuviésemos que definir en breves palabras la novela Soledad, de Rubén Salazar Mallén, nos veríamos en la necesidad de decir que se trata de una obra maestra absoluta. No hay exageración al pronunciarlo. Es muy poco frecuente hallar, entre las obras de los años cincuenta del sigo pasado, una novela que pueda calificarse de actual y universal.

Sabemos que Salazar Mallén fue un escritor corrosivo, de ambivalencias, a quien el mundo literario de su época, y prácticamente el de la actual, le marginó hasta los límites. ¿Por qué razón? ¿Por sus deformidades físicas? ¿Por su carácter iracundo y la mayoría de las veces hostil? No. La causa primordial fue su férreo enfrentamiento al poder y los grupos de poder. Las vicisitudes de su existencia conllevaron la marginalidad de su propia obra y no fue extraño que se viese en la necesidad de publicar en editoriales de dudoso catálogo, como Costa Amic. Sus primeros ejercicios novelísticos debieron ser publicados en un sello llamado Ex Libris,  que a fin de cuentas no fue sino el apelativo que se inventó para una edición de autor, a la que llamó Ejercicios, entre los que se encuentra Soledad (otros de los títulos incluidos en Ejercicios son Adriana, Inexorablemente, Cándida y Ruta).

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Una línea en la totalidad [de la novela]


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Un fragmento narrativo de la novela Los demonios, de Heimito von Doderer, ilustra a la perfección, con toda seguridad sin que el autor se lo propusiera, el entrecruzamiento de líneas —a partir de una inicial bien trazada—  que nos conduce a la trama y ésta a la totalidad [de la novela].

Y sin embargo, de hecho sólo necesitas trazar una simple línea en cualquier lugar que escojas en el tejido de la vida, y su camino creará un camino a través de la totalidad y establecerá ese camino a través del cual todas las otras líneas se harán visibles sucesivamente, una por una. Por que la totalidad está contenida en el más pequeño segmento de la historia de la vida de cualquiera, en verdad incluso podemos decir que está contenida en cada movimiento: echa a andar tu máquina de tejer y lo abarcarás todo, ya sea el éxtasis, la desesperación, el aburrimiento o el triunfo, quienes llenan las movibles vasijas en su cadena sin fin de acompasados segundos.

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Claude-Edmonde Magny y la travesía por el purgatorio ciego


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lettreLos enormes trabajos preparatorios a los que se entregó Valéry no son, tal vez, sino ese esfuerzo obstinado por alcanzar la integración del yo; su Monsieur Teste es la prueba. Sencillamente llevó a cabo estos trabajos con el mismo método, rigor y minuciosidad que quienes, a tientas, como Balzac, Proust o Kafka, logran alcanzar la luz tarde o temprano. En ese aspecto, todos se ponen de acuerdo con respecto a la poesía; sin embargo, es igual de cierto para la novela. La travesía por el «purgatorio ciego» es indispensable en ambos casos; a los novelistas que no se atrevieron a hacerla siempre les faltará algo. Su obra conservará un no sé qué árido y superficial, y si anhelan aparentar una emoción, su grito sonará falso. Es desde el exterior desde donde describirán el sufrimiento humano. […] El novelista puede permanecer sólo un poco comprometido con el purgatorio ciego; en su obra seguirá latiendo el «turbio latido de la miseria humana», más o menos como dice el poeta y crítico literario Matthew Arnold. Por ello, a veces ésta conservará algo de tensión y crispación casi insoportables para el lector, como en Malraux o en Faulkner, y será incluso susceptible de comprometer el equilibrio estético de la obra, como en Bernanos. Sin embargo, siempre estaremos seguros de que ante nosotros hay un «hombre». (Fragmento de Carta sobre el poder de la escritura).

 

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Alain Robbe-Grillet: una arquitectura mental del tiempo


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Alain Robbe-Grillet, uno de los precursores de la nouveau roman (la nueva novela), apostó por una narrativa experimental basada en la libertad temática, en la “aventura de la escritura” frente a la novela social predominante. El autor se caracterizó por rechazar la interpretación psicológica de los personajes, y apostó a la desaparición del narrador, haciendo lo posible por invisibilizarlo el relato. Concebía a sus guiones como cine-roman, o cine-novela.

Este autor francés, novelista y guionista, escribió el libreto de El año pasado en Marienbad, filme de 1961 de Alain Resnais. Mucho se ha dicho de la influencia, que no adaptación, de la novela de Adolfo Bioy Casares La invención de Morel en Robbe-Grillet para escribir el guión de la película. El autor negó haber hecho una adaptación, o hallar una relación con la novela susodicha, aunque sí la leyó y recomendó.

Lo que me gustó de la novela —afirma— era un tipo de comportamiento de los personajes que ya estaba en obras anteriores, y sí­ es muy curioso que en el momento en que el personaje de la primera historia reaparece por primera vez, Bioy Casares hable de “gente que baila, que pasea y que se baña en la pileta, como veraneantes instalados de hace tiempo en Los Teques o en Marienbad”.

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El rey pálido


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He aquí el arranque de la novela El rey pálido de David Foster Wallace. Se recomienda leer escuchando el tema The Big Ship de Brian Eno, uno de los predilectos del novelista (pulsar en play).

Más allá de las llanuras de franela y de las gráficas de asfalto y de los horizontes inclinados de óxido, y más allá del río de color marrón tabaco resguardado por los árboles llorones y salpicado por las monedas de luz de sol que traspasan sus copas para alcanzar la corriente, hasta el lugar que hay detrás del cortavientos, donde los campos sin cultivar bullen ruidosamente a fuego lento bajo el calor matinal: sorgo, quelite cenizo, lambedora, zarzaparrilla, juncia real, higuera del infierno, menta silvestre, diente de león, zacate, muscadinia, repollo espinoso, solidago, hiedra terrestre, abutilón, hierba mora, ambrosía, avena silvestre, algarroba, rusco, habichuelas asilvestradas y remetidas en sus vainas, todas como cabezas meciéndose suavemente bajo una brisa matinal que es como la suave mano de una madre en tu mejilla. Una flecha de estorninos disparada desde el techado del cortavientos. El centelleo de un rocío que jamás se mueve y que se pasa el día soltando vapor. Un girasol, cuatro más, uno de ellos encorvado, y una serie de caballos a lo lejos que están igual de rígidos y quietos que si fueran de juguete. Todos meciendo la cabeza. Los ruidos eléctricos de los insectos atareados. La luz del sol del color de la cerveza y un cielo pálido y volutas de cirros tan altos que no proyectan sombra. Insectos atareados todo el tiempo. Cuarzo y pedernal y esquisto y costras de contrita ferrosa en el granito. Una tierra muy antigua. Mira a tu alrededor. El horizonte tiembla, sin forma. Somos todos hermanos.

(Crédito de la foto de encabezado: 4ever.eu).