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MOLESKINE HORIZONTAL | Notas mentales del autor

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But the Raven


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But the Raven, sitting lonely on that placid bust, spoke only
That one word, as if its soul in that one word he did outpour
Nothing farther then he uttered; not a feather then he fluttered,
Till I scarcely more than muttered: “Other friends have flown before,
On the morrow he will leave me, as my Hopes have flown before.”
Then the bird said “Nevermore.”

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Los dientes de Eros


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Los dientes de Eros es mucho más que un poemario de su autor: se trata de la búsqueda de un resplandor que por sí mismo aparente dejar al resto del mundo en tinieblas.

Alejandro Massa Varela consigue una interpretación original (¿originaria?) del despertar sexual del universo. Nos entrega a la par una lección soterrada de metafísica con un lenguaje a veces trastornado y descripciones desconcertantes para los objetos.

La poesía dialógica y voluptuosa ofrecida aquí invita a leerse o representarse en escenarios reales o en uno secreto, ése que bien podemos llamar el de la vida de la mente. Su construcción es poderosa porque sabe narrar, es decir, conocer.

Hay en Los dientes de Eros lo que podríamos llamar proposiciones con valores de verdad sobre el mundo, quizá porque las palabras han atravesado el tamiz del rigor y la criba del hallazgo científico al que tanto apelaba Ezra Pound. En este libro fascinante persiste de principio a fin ese afán fundacional que todo poeta que así se autodenomine debería perseguir hasta el final de sus días.

Isaí Moreno

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Maten al león


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(Notas mentales)

La novela

Decía Carlos Fuentes que en 1967, Mario Vargas Llosa y él lanzaron una invitación desde Londres a algunos autores latinoamericanos para la edición de un libro: Los padres de las patrias.  Cada autor debía aportar cincuenta cuartillas sobre su “tirano nacional favorito”. El proyecto no cuajó, peor de éste surgieron las novelas Yo, el supremo, de Augusto Roa Bastos, El recurso del método, de Alejo Carpentier, y El otoño del patriarca, de Gabriel García Márquez. Mucho más tarde apareció La fiesta del chivo, del mismo Mario Vargas Llosa. Estas tres novelas escritas y publicadas en la década siguiente a la convocatoria que hizo Carlos Fuentes y Vargas Llosa son las exponentes más destacadas de la denominada novela de la dictadura, que consiste en el aporte que ese género hace de una realidad política dominante en una Latinoamérica común a los tres autores.

Maten al león, sin haberlo contemplado Ibargüengoitia, pareciera hacer sido una respuesta a esa convocatoria, sin la solemnidad de las novelas que siguieron.

La crítica despiadada al poder, soltando una carcajada. Critica mordaz a la realidad…

Farsa documental: así podría definirse esta novela. La farsa (del latín farcire, ‘rellenar’) es una forma dramática en la que los personajes se desenvuelven de manera caricaturesca o de situaciones no realistas. La principal diferencia entre comedia y farsa está en sus afanes primarios. Mientras la comedia intenta reconciliar al espectador con sus propios vicios humanos (y de esa manera mantenerlos bajo control en sociedad), la farsa pretende denunciar una realidad oculta, ignorada o controlada. A diferencia de la comedia, la farsa no siempre moverá a la risa, pero siempre conmoverá la vergüenza del espectador.

Maten al león tiene algo de El atentado. Hay algo de conspiración (que no teoría de la conspiración)

A su modo, Maten al león es un manual de construcción de bombas y de envenenamiento.

Lo divertido y paródico de sus obras. la hábil manera de sostener nuestra atención en el drama, hacen que no reparemos en la precisión arquitectónica de sus obras. Ibargüengoitia sabe de drama porque sabe teatro y sabe teatro porque sabe crónica, llevando todo esto a que sepa de novela y desde lo preclaro sea un enorme novelista.

Breves ítems:

Personajes telenovelescos: quizá de la experiencia teatral de Ibargüengoitia.

Geografías particulares de Ibargüengoitia: Cuévano, Isla de Arepa.

Es un autor que por edad, pudo ser considerado del boom.

Lenguaje creado por Ibargüengoitia: sabe mezclar los lenguajes… de América Latina.

La película

Maten al león es una película mexicana dirigida por José (el Perro) Estrada y basada en la novela homónima de Jorge Ibargüengoitia. Comenzó a producirse en 1975, y se estrenó en enero de 1977 en el cine Chapultepec de Ciudad de México, donde permaneció por quince días en cartelera.

El de la película, fue uno de los mayores presupuestos económicos: de modo que se filmó en San Juan de Puerto Rico y en los estudios Churubusco. El rodaje inicia siendo presidente de México Luis Echeverría, y ésta se estrena recién ingresado al poder José López Portillo.

No es una película que haya pasado sin pena ni gloria luego de sus quince días en exhibición en pantalla. Maten al león tuvo los siguientes galardones:

Ariel: a Ernesto Gómez Cruz en 1977 por su papel como Salvador Pereira.

Festival de Cartagena: a José Estrada en mejor realización.

De nuevo Ibargüengoitia

Dice la artista Joy Laville, viuda de Ibargüengoitia, que luego de comer, el escritor acostumbraba una siesta en el sofá y desde la cocina lo escuchaba decir, antes de ser vendido por el sueño: “Soy un chingón”. Lo era. Indiscutiblemente.

Se dice que Los relámpagos de agosto clausura la novela de la Revolución. Maten al león inaugura en cierta medida (hay que decirlo con precaución), el subgénero de la novela de dictadores, pero carcajeándose.

En esta época de crudeza y violencia, prolija en obras de denuncia y lo sórdido, hacen falta escritores como Ibargüengoitia por estas razones:

Nos hace falta reír.
Sus novelas no son de denuncia: antes bien, cuestionan desde la sátira, y por lo tanto ridiculizan.
Nos hace falta reír.
Nos hace falta ser atrevidos y dejar de ser solemnes.
Nos hace falta reír.

El carácter paródico, provinciano de las tertulias. (Pepita Jiménez). (Comparar con La tertulia, de Chava Flores, que es también una caricatura).

Película y novela: caricatura: El vocablo caricatura deriva de “caricare” que significa cargar, acentuar o exagerar los rasgos . Lo acuñó Aníbal Caracci para designar los trabajos que él y otros artistas hacían entonces. Un siglo más tarde, la caricatura se definía como un método de hacer retratos que tenía como propósito lograr el máximo parecido del conjunto de una fisonomía, pero cambiando todos los componentes. Esto ocurre perfectamente en la obra de Ibargüengoitia.

Descargar en PDF Maten al león.

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Lecciones de NeoLengua


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ELABORAR UNA VERSIÓN PERSONAL DE 1984

En el año 2016 resultó electo como presidente de los EE.UU. Donald Trump y el mundo parecía iniciar un declive en dirección a la catástrofe. Poco antes de su elección, y hasta la fecha, la novela de Orwell 1984 empezó a ser uno de los libros más vendidos en librerías virtuales como Amazon Kindle, quizá por relacionar los lectores al multimillonario neoyorkino con ese dictador de mirada serena y dura mejor conocido con el Gran Hermano. En mis redes sociales hice eco reiterado del hecho y de manera providencial el escritor Rogelio Guedea me invitó a un proyecto de Mirlo Ediciones consistente en escritores traducidos por escritores. Ya me había asignado 1984.

No ostento la soltura del inglés que desearía y para escribirlo consulto tesauros y gramática, cuando no phrasal verbs, pero anteriormente había traducido poesía y algunos cuentos de Bukowski, mientras leía en su lengua natal a Carver y también a J.M Coetzee. De ese modo acepté la invitación a la aventura.

El inglés de Orwell dista de la sencillez hallada en los autores mencionados arriba. En el camino cotejé las versiones al español de Rafael Vázquez Zamora, la pulcra de Lectorum (con traducción a cargo de Miguel Martínez Sarmiento) más la edición conmemorativa y elegantísima de Lumen, en la traducción de Miguel Temprano García. ¿Qué pretendía yo? No una versión más, sino una versión personal, lo más literaria posible, afín a lo que le exijo a mis lecturas: la eufonía: el calibre de cada frase con sus acompañantes para conseguir el sonido perfecto. Si mi propuesta no trasciende la prueba del oído, no continúo, me dije. Trabajé con tres cuartillas y envié a Rogelio Guedea el resultado. Sólo si te gusta, seguiré. Guedea me dio luz verde, contentísimo por la propuesta y ansioso de su continuidad. Siguieron cinco meses de trabajo disciplinado y agotador, aunque estimulante.

Insisto: el inglés de Orwell es complejo, cargado de oralidad y de varios párrafos en cookney, que bien habrían podido suplirse por mexicanismos, en contraste con la jerga madrileña de las traducciones existentes. Para ello recurrí a un español lo más neutro posible, empero, con muchas interjecciones. El qué significa no era tanto el problema, sino el cómo colocarlo para conseguir literatura.

En el camino me tomé algunas licencias: como cuando Winston Smith (el protagonista de la novela) recuerda horrorizado una película que hace reír a la gente y la mujer descrita en la escena es ametrallada desde un helicóptero mientras intenta proteger a su hijo: en lugar de sentada en una lancha, empleé encogida, para acentuar el efecto dramático de la inutilidad de su acción. Aliteré adrede oraciones en algunos casos para conseguir tensión y fuerza. Guedea me motivó a seguir con mi versión.

La historia de 1984 sigue una estructura aristotélica perfecta, con tres partes (actos) unidas por dos nudos o puntos de no retorno. Contiene también digresiones larguísimas que me hicieron releer conceptos de política y marxismo leninismo para emplear los tecnicismos como se manejan en nuestra lengua, o en la de la teoría política.

Uno de los elementos más interesantes de 1984 es la NeoLengua: el sistema de dominio del Gran Hermano mediante un lenguaje simplificado. La NeoLengua es una genialidad de Orwell y todo un desafío para cualquier traductor. (Trump, por cierto, al expresarse en un lenguaje tan elemental, pareciera emplear la NeoLengua. Mao, tras ordenar la simplificación de la escritura china, con la que se llevó entre las patas media cultura milenaria, implementó a modo su propia NeoLengua dictatorial). Para un escritor, la NeoLengua es un estímulo, un reto verdadero a su imaginación. Yo quería elaborar mi versión personalísima de ese código lingüístico de dominio mediante la perversión del lenguaje y el olvido de las huellas de la cultura en el lenguaje (de nuevo: Mao echó por los suelos todo el legado de la escritura ideográfica china quitándole las huellas de su origen: igual que hace Big Brother con el inglés). La NeoLengua hizo aflorar todo mi amor/odio por la lingüística.

1984 Trad. Isaí Moreno

En 1984 se cita la evolución de la Undécima Edición del Diccionario de NeoLengua a cargo del régimen del Gran Hermano. Uno de los autores del diccionario se expresa así: “Destruir palabras conlleva una gran belleza.”

Aniquilar el lenguaje, pues, es un arte con miras al dominio de las masas. En 1984, todo lo hablado se debe reducir a unidades mínimas de significación y gramática.

El Oldspeak (el inglés) es suplido por la NeoLengua (la Newspeak). Para Oldspeak me gustó el término RetroLengua. Pues bien, en NeoLengua, el régimen del Gran Hermano emplea la palabra compuesta sustantivada bienpensar para referirse, en términos míos, a lo políticamente correcto y, en su forma de verbo, a pensar políticamente bien. Sus declinaciones son: sustantivo-verbo: bienpensar, pretérito y participio pasado: bienpensado, participio presente: bienpensante, adjetivo: bienpensadopleno, adverbio: bienpensadomodo, nombre verbal: bienpensado.

Sólo aquellos bien entrenados en el pensamiento del Partido, el brazo derecho de Big Brother, logran percibir el sentido y poder de una palabra como corazonsentir: una ciega aceptación, a la vez que aceptación entusiasta. O de la palabra retropensar, vinculada inextricablemente con los conceptos de maldad y decadencia propios de la RetroLengua.

Todo lo eliminado de la lengua arcaica, esos fragmentos sobrevivientes, serían ininteligibles e intraducibles. “Imposible que se tradujese un pasaje de RetroLengua a NeoLengua, a menos que tratase de un proceso técnico o sucesos de la vida cotidiana o bien fuese ya de tendencia políticamente correcta (bienpiensapleno se diría en NeoLengua).”

La lengua nueva de Big Brother parte incluso de onomatopeyas para definir neologismos: patoparlar (duckspeak) significa en el diccionario en preparación cuacuar (como pato). Al decirse de un enemigo que patoparla, se refiere el hablante a que vocifera y es estúpido. En cambio, para amigos u oradores del Partido, decir doblemasbueno patoparlante (doubleplusgood duckspeaker) conlleva un elogio sin precedente y resalta el don de la elocuencia.

Al final de 1984, Orwell elabora un tratado completo de la gramática de la NeoLengua. En uno de los ejemplos que su narrador emplea para citar la imposibilidad de expresar en NeoLengua algo políticamente incorrecto (inconcebible ya por la naturaleza misma de esa lengua) como el pasaje de la Declaración de Independencia de los Estados Unidos redactada por Thomas Jefferson, se dice que aquel panegírico sólo podría ser considerado como un crimen del pensamiento, de la mente, esto es, crimental.

A modo de epílogo, luego de haber sentido el corazón, el núcleo secreto del lenguaje de un maestro, espero algún tipo de repercusión en mi propia obra creativa.