Ser novelista

Día de Muertos en la antesala del Infierno


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Este 2 de noviembre cumple ochenta años de narrada la historia de un día de duración, etílica y metafísica, que nos entregara Malcolm Lowry en Bajo el volcán. El 2 de noviembre de 1938, a ocho meses de la expropiación petrolera mexicana y entre la incertidumbre política que deparaba el gobierno de Cárdenas, el británico Lowry puso en la espalda de Geoffrey Firmin, el Cónsul, la responsabilidad de un lento descenso al Infierno (Lowry inició por esas fechas la novela, a sus escasos veintiséis años, y la culminó en 1947).

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Ser novelista

En el inconsciente y en el vértigo de la luz


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Escribió toda la noche sin interrumpirse en ningún momento, sin dormir; con las piernas dormidas. Se deslizaba por encima de la superficie de los acontecimientos y de las cosas —ninguna psicología, ninguna explicación aparente—, mientras sacaba a la luz la enorme riqueza de cuanto había removido. De haberse detenido un instante, de haberse cambiado de sitio o de haber abierto un libro o haberse distraído, habría bloqueado el acceso a las verdades calladas. Escribir no era otra cosa que ese flujo incontenible: poseía la cualidad ilimitada, indefinida e ininterrumpida del agua, y al mismo tiempo parecía una navegación por encima de las aguas, como si unas masas sucesivas se superpusieran en la unidad del océano. Aferrado a la mesa de trabajo como si de un escollo o un sepulcro se tratara. no podía levantar la mano de la hoja, porque de lo contrario el relato habría perdido el impulso, el ímpetu, la tendencia natural y continua: la mágica fluidez de la respiración que tanto había deseado. Comprendió que había que escribir todo de un tirón: no sólo los relatos, sino también las novelas, como La educación sentimental, que había soñado con leer de una sola vez a su auditorio: “Sólo así es posible escribir, sólo con esa cohesión, con total abertura de cuerpo y de alma”.

Fragmento de Kafka, de Pietro Citati. (Traducción para Acantilado: José Ramón Monreal).

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Sincronicidad


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Cuatro notas hiperbreves de un hecho sincrónico, por llamarlo de algún modo en alusión a Jung y, también, en alusión a Sergio Pitol.

  1. Hay algo de gloria en el hecho de tener pánico escénico ante una gran audiencia.
  2. Hace un par de semanas leía ante un público generoso mi texto sobre Sergio Pitol en la Biblioteca Palafoxiana de Puebla y en la cuarta de cinco cuartillas experimenté pánico escénico. Seguí leyendo como si nada, pero mis manos temblaban.
  3. Eran cinco cuartillas de pura sinceridad, y creo que la sinceridad causa pánico escénico. Pocas veces he sido tan sincero como en ese momento en el que hablaba (leía) sobre Sergio Pitol y la inspiración.
  4. No hace ni un par de horas que me encontré a un señor de boina gris y cabello blanco resplandeciente, muy parecido al maestro Pitol. Creí una figuración mía el que me estuviese mirando, pero al volverme hacia él me dedicó una sonrisa discreta antes de atravesar la calle.
  5. Sergio Pitol se encontró un día con la diosa y yo me encontré un día con Sergio Pitol.

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But the Raven


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But the Raven, sitting lonely on that placid bust, spoke only
That one word, as if its soul in that one word he did outpour
Nothing farther then he uttered; not a feather then he fluttered,
Till I scarcely more than muttered: “Other friends have flown before,
On the morrow he will leave me, as my Hopes have flown before.”
Then the bird said “Nevermore.”

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Gif: Isaí Moreno.