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Una línea en la totalidad [de la novela]


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Un fragmento narrativo de la novela Los demonios, de Heimito von Doderer, ilustra a la perfección, con toda seguridad sin que el autor se lo propusiera, el entrecruzamiento de líneas —a partir de una inicial bien trazada—  que nos conduce a la trama y ésta a la totalidad [de la novela].

Y sin embargo, de hecho sólo necesitas trazar una simple línea en cualquier lugar que escojas en el tejido de la vida, y su camino creará un camino a través de la totalidad y establecerá ese camino a través del cual todas las otras líneas se harán visibles sucesivamente, una por una. Por que la totalidad está contenida en el más pequeño segmento de la historia de la vida de cualquiera, en verdad incluso podemos decir que está contenida en cada movimiento: echa a andar tu máquina de tejer y lo abarcarás todo, ya sea el éxtasis, la desesperación, el aburrimiento o el triunfo, quienes llenan las movibles vasijas en su cadena sin fin de acompasados segundos.

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El monstruo de mostrar: Michel Tournier


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La obra de Michel Tournier (1924-2016) se caracterizó por su austeridad y belleza escritural. De inicios tardíos en el mundo literario, su arribo a la novela fue, empero, exitoso, hecho que corroboró al consagrarse con El Rey de los Alisos, la segunda novela de su producción. Su culto por Flaubert y Sartre son patentes en la obra que nos legó: asombrosa elección, pues Flaubert es el padre de la novela moderna, el artífice capaz de escribir a partir de la nada (Vargas Llosa dixit) y Sartre, además de filósofo notable y escritor de cepa, era capaz de trastornar el espacio en que se movía. En esencia, el estilo Tournier es la fusión de una escritura calibrada −ligeramente digresiva− y al arte puro de seducir.

El siguiente fragmento es el inicio de El Rey de los Alisos (Premio Goncourt en 1970): Continuar leyendo…

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El modelo limitado de la novela del siglo XIX


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Anota Javier Cercas acerca de la novela contemporánea: “Yo creo que tenemos una visión un poco estrecha de la novela, fruto del triunfo avasallador de un modelo muy potente, el del XIX. Es un modelo que concibe la novela, digamos, como una ficción en prosa en la que se cuenta un drama de la forma más rápida y eficaz. Ese modelo está muy bien, ha dado frutos extraordinarios, se siguen haciendo cosas muy buenas con él; pero mi modelo no es ese; o no sólo. El mío quiere recuperar el modelo de Cervantes y de toda la narrativa anterior al XIX. Podría definirse como un cocido, o como un banquete: la virtud máxima de la novela tal y como la acuña Cervantes, o una de sus virtudes, es la pluralidad, la libertad absoluta. Puedes meter cualquier cosa en una novela. Esa es parte de la genialidad de Cervantes. Para él, la novela puede abarcarlo todo: ensayo, crónica, todo”.

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Anotaciones de Haruki Murakami acerca de la novela


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Los siguientes son fragmentos en los que Haruki Murakami reflexiona en torno al arte de la novela (tomados de De qué hablo cuando hablo de correr):

Como estoy en un periodo en que lo que busco es aguantar y aumentar la distancia que recorro, por ahora los tiempos no me preocupan. Simplemente me lo tomo con calma y voy aumentando poco a poco la distancia que recorro. Cuando siento la necesidad de correr más rápido, simplemente incremento la velocidad. Pero, si aumento el ritmo, acorto el tiempo de carrera, así que procuro conservar y aplazar hasta el día siguiente las buenas sensaciones que experimenta mi cuerpo al correr. Idéntico truco utilizo cuando escribo una novela larga: dejo de escribir en el preciso momento en que siento que podría seguir escribiendo.
Si lo hago así, al día siguiente me resulta mucho más fácil reanudar la tarea. Creo que Ernest Hemingway también escribió algo parecido, del estilo «continuar es no romper el ritmo». Para los proyectos a largo plazo, eso es lo más importante. Una vez que ajustas tu ritmo, lo demás viene por sí solo. Lo que sucede es que, hasta que el volante de inercia empieza a girar a una velocidad constante, todo el interés que se ponga en continuar nunca es suficiente.

[…]

La mayoría de los corredores suele afrontar las carreras fijándose de antemano un objetivo concreto, del estilo: «Esta vez intentaré hacerlo en tal tiempo». Si consiguen recorrer cierta distancia en el tiempo que se han fijado, entonces «han conseguido algo», y, si no lo logran, entonces «no lo han conseguido». Pero, aun suponiendo que no logren correr en el tiempo que se han fijado, si al acabar sienten la satisfacción de haber hecho todo lo posible, si experimentan una reacción positiva que les vincule con la siguiente carrera, la sensación de haber descubierto algo grande, tal vez ello suponga ya, en sí mismo, un logro. En otras palabras, el orgullo (o algo parecido) de haber conseguido terminar la carrera es el criterio verdaderamente relevante para los corredores de fondo. Continuar leyendo…

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Flannery O’Connor: novelista y creyente


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A muchos autores y lectores les causaron polémica las posturas católicas de Flannery O’Connor (novelista de lo profundo del Sur), y su modo de escribir sobre la salvación, la redención y la gracias. Su innegable vocación crítica y literaria jamás la hicieron vacilar en su fe, aunque tampoco era ingenua sobre los alcances, que para bien o mal, pueden tener la fe y el fanatismo religioso.

Flannery O'Connor

Aquí se transcriben algunos pasajes de su ensayo Novelist and beliver, traducidos por Esther Navío Castellano. Los interesados, pueden leer el texto completo en inglés.

Como novelista,la parte más importante de mi tarea consiste en que todas las cosas, incluso las inquietudes últimas, sean sólidas, concretas y específicas como sea posible. El trabajo del novelista comienza donde comienza el conocimiento humano: en los sentidos. Se sirve de las limitaciones de la materia, y a menos que escriba literatura fantástica, debe atenerse a las posibilidades concretas de la cultura. Se encuentra ligado a su pasado, y a las instituciones y tradiciones que ese pasado ha legado a la sociedad donde vive.

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