Tepoztlán

Moleskine horizontal

Anotaciones amnióticas


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Un sobresalto de lava me llamó desde las entrañas de la Tierra; guiado por el instinto dirigí los pasos donde un joven vestido de blanco me sonreía con candidez. Señaló la entrada de mi destino, ese casquete imponente de piedras y tierra con la abertura a modo de portal que había esperado por mí mientras vagué por el mundo. Vas a volver al vientre de tu madre, me prometió, y yo que estaba ahí para creer, creí. Llegué dos días antes al lugar con la intención de una experiencia; años atrás estuve ahí y me retiré con las manos vacías, pero siempre supe que el sitio me debía algo y volví por él. Caminé entre la invasión de ofertas que iban desde la lectura del Tarot, las terapias africanas, hindúes, las limpias peruanas, el Feng Shui… Acupuntura, Reiki, sanaciones de Catemaco, reacomodo de chakras, masajes holísticos, flores de Bach, en fin, una pléyade prolija en espiritualidad aparecía a mi vista: turismo místico. Aún conservo la postal adquirida hace años en la que, al fondo del poblado, se aprecia el montaje de una nave interestelar venida de los espacios profundos, souvenir para quienes ansían avistar inteligencia E.T. en las inmediaciones sobre el ocasional manto de neblina.

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