Caja de herramientas, Ser novelista

Claude-Edmonde Magny y la travesía por el purgatorio ciego


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lettreLos enormes trabajos preparatorios a los que se entregó Valéry no son, tal vez, sino ese esfuerzo obstinado por alcanzar la integración del yo; su Monsieur Teste es la prueba. Sencillamente llevó a cabo estos trabajos con el mismo método, rigor y minuciosidad que quienes, a tientas, como Balzac, Proust o Kafka, logran alcanzar la luz tarde o temprano. En ese aspecto, todos se ponen de acuerdo con respecto a la poesía; sin embargo, es igual de cierto para la novela. La travesía por el «purgatorio ciego» es indispensable en ambos casos; a los novelistas que no se atrevieron a hacerla siempre les faltará algo. Su obra conservará un no sé qué árido y superficial, y si anhelan aparentar una emoción, su grito sonará falso. Es desde el exterior desde donde describirán el sufrimiento humano. […] El novelista puede permanecer sólo un poco comprometido con el purgatorio ciego; en su obra seguirá latiendo el «turbio latido de la miseria humana», más o menos como dice el poeta y crítico literario Matthew Arnold. Por ello, a veces ésta conservará algo de tensión y crispación casi insoportables para el lector, como en Malraux o en Faulkner, y será incluso susceptible de comprometer el equilibrio estético de la obra, como en Bernanos. Sin embargo, siempre estaremos seguros de que ante nosotros hay un «hombre». (Fragmento de Carta sobre el poder de la escritura).

 

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