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Lecciones de NeoLengua


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ELABORAR UNA VERSIÓN PERSONAL DE 1984

En el año 2016 resultó electo como presidente de los EE.UU. Donald Trump y el mundo parecía iniciar un declive en dirección a la catástrofe. Poco antes de su elección, y hasta la fecha, la novela de Orwell 1984 empezó a ser uno de los libros más vendidos en librerías virtuales como Amazon Kindle, quizá por relacionar los lectores al multimillonario neoyorkino con ese dictador de mirada serena y dura mejor conocido con el Gran Hermano. En mis redes sociales hice eco reiterado del hecho y de manera providencial el escritor Rogelio Guedea me invitó a un proyecto de Mirlo Ediciones consistente en escritores traducidos por escritores. Ya me había asignado 1984.

No ostento la soltura del inglés que desearía y para escribirlo consulto tesauros y gramática, cuando no phrasal verbs, pero anteriormente había traducido poesía y algunos cuentos de Bukowski, mientras leía en su lengua natal a Carver y también a J.M Coetzee. De ese modo acepté la invitación a la aventura.

El inglés de Orwell dista de la sencillez hallada en los autores mencionados arriba. En el camino cotejé las versiones al español de Rafael Vázquez Zamora, la pulcra de Lectorum (con traducción a cargo de Miguel Martínez Sarmiento) más la edición conmemorativa y elegantísima de Lumen, en la traducción de Miguel Temprano García. ¿Qué pretendía yo? No una versión más, sino una versión personal, lo más literaria posible, afín a lo que le exijo a mis lecturas: la eufonía: el calibre de cada frase con sus acompañantes para conseguir el sonido perfecto. Si mi propuesta no trasciende la prueba del oído, no continúo, me dije. Trabajé con tres cuartillas y envié a Rogelio Guedea el resultado. Sólo si te gusta, seguiré. Guedea me dio luz verde, contentísimo por la propuesta y ansioso de su continuidad. Siguieron cinco meses de trabajo disciplinado y agotador, aunque estimulante.

Insisto: el inglés de Orwell es complejo, cargado de oralidad y de varios párrafos en cookney, que bien habrían podido suplirse por mexicanismos, en contraste con la jerga madrileña de las traducciones existentes. Para ello recurrí a un español lo más neutro posible, empero, con muchas interjecciones. El qué significa no era tanto el problema, sino el cómo colocarlo para conseguir literatura.

En el camino me tomé algunas licencias: como cuando Winston Smith (el protagonista de la novela) recuerda horrorizado una película que hace reír a la gente y la mujer descrita en la escena es ametrallada desde un helicóptero mientras intenta proteger a su hijo: en lugar de sentada en una lancha, empleé encogida, para acentuar el efecto dramático de la inutilidad de su acción. Aliteré adrede oraciones en algunos casos para conseguir tensión y fuerza. Guedea me motivó a seguir con mi versión.

La historia de 1984 sigue una estructura aristotélica perfecta, con tres partes (actos) unidas por dos nudos o puntos de no retorno. Contiene también digresiones larguísimas que me hicieron releer conceptos de política y marxismo leninismo para emplear los tecnicismos como se manejan en nuestra lengua, o en la de la teoría política.

Uno de los elementos más interesantes de 1984 es la NeoLengua: el sistema de dominio del Gran Hermano mediante un lenguaje simplificado. La NeoLengua es una genialidad de Orwell y todo un desafío para cualquier traductor. (Trump, por cierto, al expresarse en un lenguaje tan elemental, pareciera emplear la NeoLengua. Mao, tras ordenar la simplificación de la escritura china, con la que se llevó entre las patas media cultura milenaria, implementó a modo su propia NeoLengua dictatorial). Para un escritor, la NeoLengua es un estímulo, un reto verdadero a su imaginación. Yo quería elaborar mi versión personalísima de ese código lingüístico de dominio mediante la perversión del lenguaje y el olvido de las huellas de la cultura en el lenguaje (de nuevo: Mao echó por los suelos todo el legado de la escritura ideográfica china quitándole las huellas de su origen: igual que hace Big Brother con el inglés). La NeoLengua hizo aflorar todo mi amor/odio por la lingüística.

1984 Trad. Isaí Moreno

En 1984 se cita la evolución de la Undécima Edición del Diccionario de NeoLengua a cargo del régimen del Gran Hermano. Uno de los autores del diccionario se expresa así: “Destruir palabras conlleva una gran belleza.”

Aniquilar el lenguaje, pues, es un arte con miras al dominio de las masas. En 1984, todo lo hablado se debe reducir a unidades mínimas de significación y gramática.

El Oldspeak (el inglés) es suplido por la NeoLengua (la Newspeak). Para Oldspeak me gustó el término RetroLengua. Pues bien, en NeoLengua, el régimen del Gran Hermano emplea la palabra compuesta sustantivada bienpensar para referirse, en términos míos, a lo políticamente correcto y, en su forma de verbo, a pensar políticamente bien. Sus declinaciones son: sustantivo-verbo: bienpensar, pretérito y participio pasado: bienpensado, participio presente: bienpensante, adjetivo: bienpensadopleno, adverbio: bienpensadomodo, nombre verbal: bienpensado.

Sólo aquellos bien entrenados en el pensamiento del Partido, el brazo derecho de Big Brother, logran percibir el sentido y poder de una palabra como corazonsentir: una ciega aceptación, a la vez que aceptación entusiasta. O de la palabra retropensar, vinculada inextricablemente con los conceptos de maldad y decadencia propios de la RetroLengua.

Todo lo eliminado de la lengua arcaica, esos fragmentos sobrevivientes, serían ininteligibles e intraducibles. “Imposible que se tradujese un pasaje de RetroLengua a NeoLengua, a menos que tratase de un proceso técnico o sucesos de la vida cotidiana o bien fuese ya de tendencia políticamente correcta (bienpiensapleno se diría en NeoLengua).”

La lengua nueva de Big Brother parte incluso de onomatopeyas para definir neologismos: patoparlar (duckspeak) significa en el diccionario en preparación cuacuar (como pato). Al decirse de un enemigo que patoparla, se refiere el hablante a que vocifera y es estúpido. En cambio, para amigos u oradores del Partido, decir doblemasbueno patoparlante (doubleplusgood duckspeaker) conlleva un elogio sin precedente y resalta el don de la elocuencia.

Al final de 1984, Orwell elabora un tratado completo de la gramática de la NeoLengua. En uno de los ejemplos que su narrador emplea para citar la imposibilidad de expresar en NeoLengua algo políticamente incorrecto (inconcebible ya por la naturaleza misma de esa lengua) como el pasaje de la Declaración de Independencia de los Estados Unidos redactada por Thomas Jefferson, se dice que aquel panegírico sólo podría ser considerado como un crimen del pensamiento, de la mente, esto es, crimental.

A modo de epílogo, luego de haber sentido el corazón, el núcleo secreto del lenguaje de un maestro, espero algún tipo de repercusión en mi propia obra creativa.

 

 

 

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