El arte de la novela

Caja de herramientas, Ser novelista

Claude-Edmonde Magny y la travesía por el purgatorio ciego


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lettreLos enormes trabajos preparatorios a los que se entregó Valéry no son, tal vez, sino ese esfuerzo obstinado por alcanzar la integración del yo; su Monsieur Teste es la prueba. Sencillamente llevó a cabo estos trabajos con el mismo método, rigor y minuciosidad que quienes, a tientas, como Balzac, Proust o Kafka, logran alcanzar la luz tarde o temprano. En ese aspecto, todos se ponen de acuerdo con respecto a la poesía; sin embargo, es igual de cierto para la novela. La travesía por el «purgatorio ciego» es indispensable en ambos casos; a los novelistas que no se atrevieron a hacerla siempre les faltará algo. Su obra conservará un no sé qué árido y superficial, y si anhelan aparentar una emoción, su grito sonará falso. Es desde el exterior desde donde describirán el sufrimiento humano. […] El novelista puede permanecer sólo un poco comprometido con el purgatorio ciego; en su obra seguirá latiendo el «turbio latido de la miseria humana», más o menos como dice el poeta y crítico literario Matthew Arnold. Por ello, a veces ésta conservará algo de tensión y crispación casi insoportables para el lector, como en Malraux o en Faulkner, y será incluso susceptible de comprometer el equilibrio estético de la obra, como en Bernanos. Sin embargo, siempre estaremos seguros de que ante nosotros hay un «hombre». (Fragmento de Carta sobre el poder de la escritura).

 

Caja de herramientas

La técnica de Ingermanson del copo de nieve para escribir novela


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En esta ocasión, vamos a analizar el Método Snowflake o Método del Copo de Nieve, de Randy Ingermanson (también podéis encontrarle en su web). El nombre del método proviene de la Estrella de Koch, una curva descrita por el matemático sueco Helge von Koch en 1904 en un artículo titulado Acerca de una curva continua que no posee tangentes y obtenida por los métodos de la geometría elemental.

En términos matemáticos, esto significa que se trata de una curva cerrada continua que no es diferenciable en ningún punto. En un lenguaje más moderno, diríamos simplemente que se trata de una curva fractal que posee autosimilitud en cada una de sus partes y que se construye mediante un proceso iterativo que se inicia con un triángulo equilátero en el que cada uno de sus lados queda reemplazado por la llamada curva de Koch. Es más fácil comprenderlo si se observa la ilustración:

Koch curve

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Ser novelista

El rey pálido


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He aquí el arranque de la novela El rey pálido de David Foster Wallace. Se recomienda leer escuchando el tema The Big Ship de Brian Eno, uno de los predilectos del novelista (pulsar en play).

Más allá de las llanuras de franela y de las gráficas de asfalto y de los horizontes inclinados de óxido, y más allá del río de color marrón tabaco resguardado por los árboles llorones y salpicado por las monedas de luz de sol que traspasan sus copas para alcanzar la corriente, hasta el lugar que hay detrás del cortavientos, donde los campos sin cultivar bullen ruidosamente a fuego lento bajo el calor matinal: sorgo, quelite cenizo, lambedora, zarzaparrilla, juncia real, higuera del infierno, menta silvestre, diente de león, zacate, muscadinia, repollo espinoso, solidago, hiedra terrestre, abutilón, hierba mora, ambrosía, avena silvestre, algarroba, rusco, habichuelas asilvestradas y remetidas en sus vainas, todas como cabezas meciéndose suavemente bajo una brisa matinal que es como la suave mano de una madre en tu mejilla. Una flecha de estorninos disparada desde el techado del cortavientos. El centelleo de un rocío que jamás se mueve y que se pasa el día soltando vapor. Un girasol, cuatro más, uno de ellos encorvado, y una serie de caballos a lo lejos que están igual de rígidos y quietos que si fueran de juguete. Todos meciendo la cabeza. Los ruidos eléctricos de los insectos atareados. La luz del sol del color de la cerveza y un cielo pálido y volutas de cirros tan altos que no proyectan sombra. Insectos atareados todo el tiempo. Cuarzo y pedernal y esquisto y costras de contrita ferrosa en el granito. Una tierra muy antigua. Mira a tu alrededor. El horizonte tiembla, sin forma. Somos todos hermanos.

(Crédito de la foto de encabezado: 4ever.eu).

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Nuestra Señora de París


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“Cuando hace algunos años el autor de este libro visitaba o, mejor aún, cuando rebuscaba por la catedral de Nuestra Señora, encontró en un rincón oscuro de una de sus torres, y grabada a mano en la pared, esta palabra: ANAΓKH (Fatalidad). Aquellas mayúsculas griegas, ennegrecidas por el  y profundamente marcadas en la piedra, atrajeron vivamente su atención. La clara influencia gótica de su caligrafía y de sus formas, como queriendo expresar que habían sido escritas por una mano de la Edad Media, y sobre todo el sentido lúgubre y fatal que encierran, sedujeron, repito, vivamente al autor. Se interrogó, trató de adivinar cuál podía haber sido el alma atormentada que no había querido abandonar este mundo sin antes dejar allí marcado (en la frente de la vetusta iglesia) aquel estigma de crimen o de condenación. Más tarde los muros fueron encalados o raspados (ignoro cuál de estas dos cosas) y la inscripción desapareció. Así se tratan desde hace ya doscientos años estas maravillosas iglesias medievales; las mutilaciones les vienen de todas partes tanto desde dentro, como de fuera. Los párrocos las blanquean, los arquitectos pican sus piedras y luego viene el populacho y las destruye. Así pues, fuera del frágil recuerdo dedicado por el autor de este libro, hoy no queda ya ningún rastro de aquella palabra misteriosa grabada en la torre sombría de la catedral de Nuestra Señora; ningún rastro del destino desconocido que ella resumía tan melancólicamente. El hombre que grabó aquella palabra en aquella pared hace siglos que se ha desvanecido, así como la palabra ha sido borrada del muro de la iglesia y como quizás la iglesia misma desaparezca pronto de la faz de la tierra. Basándose en esa palabra, se ha escrito este libro”. Palabras preliminares de Victor Hugo a su primera novela.

Ser novelista te obsequia Nuestra Señora de París. (Formato .epub).

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El monstruo de mostrar: Michel Tournier


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La obra de Michel Tournier (1924-2016) se caracterizó por su austeridad y belleza escritural. De inicios tardíos en el mundo literario, su arribo a la novela fue, empero, exitoso, hecho que corroboró al consagrarse con El Rey de los Alisos, la segunda novela de su producción. Su culto por Flaubert y Sartre son patentes en la obra que nos legó: asombrosa elección, pues Flaubert es el padre de la novela moderna, el artífice capaz de escribir a partir de la nada (Vargas Llosa dixit) y Sartre, además de filósofo notable y escritor de cepa, era capaz de trastornar el espacio en que se movía. En esencia, el estilo Tournier es la fusión de una escritura calibrada −ligeramente digresiva− y al arte puro de seducir.

El siguiente fragmento es el inicio de El Rey de los Alisos (Premio Goncourt en 1970): Continuar leyendo…