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Ser novelista

Calendario perpetuo


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Nota relámpago para esta bitácora. Podría, pero no, ser una nota mental de ésas a las que sólo les permito el máximo riguroso de 140 caracteres.

La necesidad de conocer el día específico de la semana para la fecha del 14 de diciembre del 2001. Lo requiero para una novela, por supuesto. Imposible recordarlo. La búsqueda en la internet requiere ingenio, hasta que doy con el día. Viernes.

Un amigo novelista me sugiere el uso de un calendario perpetuo y… ¡caigo en la cuenta de que hay sobre mi escritorio un calendario perpetuo!, que no sé como usar. Llavero adquirido en el viaje a una playa del Sur. Ahora conozco su uso.

Entonces, para una nota mental ahora sí, anoto: Lo útil e imprescindible del calendario perpetuo en el escritorio del novelista.  Me faltó incluir una lupa, por si acaso.

Moleskine horizontal

Notas a El suicidio de una mariposa


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A inicios de 2013, cuando promovía la novela El suicidio de una mariposa, escribí estas notas apresuradas para las entrevistas y ruedas de prensa. En parte por nerviosismo, y la prisa común en estos casos, olvidé mencionar lo anotado y el par de hojas con escritura por ambas caras se quedó en mi abrigo, hasta que lo rescaté a fines del 2014. Comparto aquí el material sin más comentarios.

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Recuerdos de la confección de una novela


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No recuerdo ya dónde fue el comienzo, sé que no empecé por el principio: por decirlo de algún modo todo resultó escrito al mismo tiempo. Todo estaba o parecía estar, como en el espacio temporal de un piano abierto, en las teclas simultáneas del piano.

Escribí buscando con mucha atención lo que en mí se estaba organizando, y que sólo después de la quinta paciente copia empecé a percibir. Empecé a comprender mejor lo que quería expresarse.

Mi recelo era que, por impaciencia con la lentitud que tengo para comprenderme, estuviera apresurando antes de tiempo algún sentido. Tenía la impresión, o mejor, la seguridad de que, cuanto más tiempo me concediera, la historia diría sin convulsiones lo que tenía que decir.

Siempre me parece una cuestión de paciencia, de amor creando paciencia, de paciencia creando amor.

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Le mot juste, el oído y el logro del estilo literario en la novela


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Vargas Llosa afirma en sus Cartas a un joven novelista que es posible el hallazgo de un estilo propio al escribir novela. Revisa a sus maestros, termina tomando el secreto del mot juste de Flaubert: Es deber del escritor hallar la palabra justa (mot juste) que exprese cabalmente una idea. Se sabe que se le ha encontrado gracias al oído: la palabra es la justa cuando suena bien.

Aquí sigue el fragmento de la epístola IV en la que a ello alude:

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Imitación de Matsúo Bashō para la novela


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Nadie que haya pasado por un taller de novela con Daniel Sada olvidará cómo citaba de memoria decenas de poemas, y en el nivel didáctico el poema en prosa de José Watanabe Imitación de Matsúo Basho. Sada, que también desempeñó el oficio de poeta, marcaba pautas sobre lo que debe exigirse el novelista: dominio de personaje, construcción de mundo interior, seducción al lector, etc. Sin embargo, como el amante del lenguaje que fue, insistió ante los aprendices de novelista en que el ritmo, la sonoridad, son esenciales para facturar la prosa perfecta de una gran obra. Observen cómo Watanabe intercala oraciones de diferente extensión y logra el ritmo. Invaluable enseñanza. En mis talleres de novela calco esta lección del maestro, entrego fotocopias de Imitación… a los asistentes y pido leer en voz alta el poema, incluso transcribirlo, con especial atención en el oído. La mayoría de las veces reaccionan maravillados, con algo del espanto de quien enfrenta una obra maestra y cree que no tiene sentido escribir más, a menos que se logre algo como lo leído. Yo me limito a insistir en esto: Los poetas leen novelas, pocos novelistas leen poesía. Al final, Sada sigue vigente. Watanabe se sonríe.

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