Ser novelista

Morirás lejos o El arte de un novelista sentimental


Etiquetado: , , , , , , , , , .

Es indiscutible la pertenencia de José Emilio Pacheco a la élite de los grandes novelistas. Como arte mayor, la novela nos muestra que no estamos tan solos en la inmensidad: el hecho de novelar el mundo es un modo de habitarlo.

¿De qué están hechas las novelas? Podemos resumir la trama de una novela en no más de tres líneas. Entonces, ¿que más contiene la novela, que puede arrojar cientos de cuartillas? Contiene vida.

Del novelista se dice que es un ser que vive a plenitud el mundo, o muchos mundos. Prarafraseando lo que le oí en algunas charlas a José Emilio Pacheco, es correcto decir que un ser de mundo ha recorrido países, probado de los mejores manjares así como experimentado las más bajas miserias, además de que domina al menos dos idiomas y no tiene reparos en ir al hipódromo o a los juegos de apuesta, o bien, ha estado en una guerra cruenta y, como menos, recorrido uno de los océanos del globo en crucero. Sí, eso es también un ser que vive el mundo. De este autor aprendemos, empero, una enseñanza fundamental ligada al núcleo del mundo: vivir, como él decía, puede en efecto implicar todo lo anterior, pero vivir es por principio algo más simple como beberse un café y leer el periódico del día o incluso el del día anterior. Ergo, el novelista puede conseguir algo grandioso, revelador, universal de un acto tan elemental como prepararse un café en la cocina.

Otro modo de abordar la idea de un ser que habita mundos, es el de pensarlo como alguien que desde sí y para sí contiene mundos en el interior (pero basta con un sólo mundo consolidado), incluso un Virgilio o fantasma, en este caso, un fantasma de la novela, como suele llamarlo Barthes, que no sólo lo guía en un mundo absolutamente personal, sino canaliza su pulsión creadora.

Aquí es momento de que esboce la pulsión creadora de José Emilio Pacheco, que lo llevó a esa obrita maestra que es Las batallas en el desierto, nouvelle por excelencia, o a una obra de más largo aliento, ambición y novela de experimento, como lo es Morirás lejos, inconseguible por desgracia (puede descargarse desde aquí), obra audaz, desbocada, sabia y erudita.

José Emilio Pacheco, amante del inglés por su sentido económico y pragmático, amén de traductor de obras tan complejas como el libro de Beckett Cómo es, se solazaba diciendo que en esa lengua es imposible expresar en menos de tres palabras la expresión morirás lejos. El español, hiperbólico en la mayoría de los casos, logra esa sentencia tan simple, tan profética, tan de condena.

Morirás lejos, el título, y quizá la esencia dramática de la novela, surge de estos versos de Séneca:
Morirás lejos. En cualquier parte hay camino para el sepulcro. […] Morirás lejos. Ninguna patria es ajena al muerto. Morirás lejos. No es más pesado el sueño fuera que en casa.

En Morirás lejos se nos presenta una amarga contradicción del ser humano: perseguidor y luego perseguido. Pensemos en el doctor Muerte de las fuerzas nazis, persiguiendo y luego perseguido. Pensemos en cierto nazi que cae en un sitio de antropoides llamados mexicanos, huyendo de los Aliados vengadores. Pensemos en los judíos del primer tercio del siglo XX condenados a los campos de concentración y en los judíos de las diásporas en esos tiempos de la áurea Roma. Pensemos en Morirás lejos.

Se ha discutido bastante y de modo erudito la estructura de Morirás lejos, abundan los escritos que especulan si ésta se originó del poemario El reposo del fuego. En temáticas hay elementos en común, cierto, pero me inclino a pensar que antes que un trabajo preparatorio para la novela, El reposo… y Morirás… contienen elementos de un universo común, ese mundo de las obsesiones del autor durante una época. En otras palabras el mundo consolidado e interior del que se hablaba más arriba .

José Emilio Pacheco arma una novela maestra haciendo ensamblajes ejemplares de elementos temporales, Reflexiona, une piezas de un puzzle, mete cajas dentro de cajas: su propio mise en abyme o abismamiento. El experimento es arriesgado, incluso visible, cuando, quizá, debiera ser invisible. Eso no importa. Importa la esencia del drama humano que nos ofrece. El drama de redención y condena. El drama del propio abismo, el drama de la paranoia permanente y la persecución permanente. Esto hace de su estructura narrativa peculiar una novela fundamental y hermosa, cruel y delatora de la grandeza del arte. Hay, claro, holocausto, diásporas judías, calaveras mexicanas de azúcar en Alemania y calaveras de judíos en el escritorio de un nazi. No leemos, aclárese de una vez, el cliché, sino la narración.

Morirás lejos es la novela del nazismo antes de que el nazismo se volviera la moda en las literaturas de aeropuerto o novelas de info dump.

A partir de esta obra, deseo explicar por qué llamo a José Emilio Pacheco un novelista sentimental. Hace pocos años el turco y premio Nobel Orhan Pamuk publicó un libro iluminador de nombre El novelista ingenuo y el sentimental. Nos confiesa el novelista que el título le llegó a la cabeza a partir de un ensayo poético de Schiller. Reformuló los términos originales a partir de la definición de Schiller de poeta ingenuo y poeta sentimental. El primero es el poeta que no medita lo que escribe porque tiene el don, simplemente escribe y le sale bien. El otro es el poeta que medita en la técnica, revisa una y otra vez, se atormenta. Para Pamuk, el novelista ingenuo se corresponde perfectamente con la primera definición y el sentimental con la segunda. Según Schiller, el genio debe ser ingenuo. Debe ignorar las reglas y proceder de acuerdo a su naturaleza, de esta forma ensancha la naturaleza sin salirse de ella. Resuelve los problemas más difíciles con sencillez y triunfa sobre el arte complicado. Todo lo hace siguiendo su instinto, sin hacer caso de prescripciones exteriores, ya que sus sentimientos son leyes. Los poetas (en nuestro caso novelistas) sentimentales buscan la naturaleza perdida de la que una vez formó parte el hombre. Meditan sobre las sensaciones que les producen los objetos debido a que éstos se refieren a una idea. Es en esta relación entre la idea y el objeto donde se muestra toda la fuerza poética o novelística que no posee el artista ingenuo.

Ya está respondido por qué a mi juicio el José Emilio Pacheco novelista, con Morirás lejos, que es todo menos ingenua, se nos muestra como un autor sentimental al obsequiarnos una novela de técnica repensada y revalorada, sensible y ambiciosa, que en una primera instancia se volcó por la perfección y acabó siendo portento de sabiduría creadora, libro de culto, mito y obra de exploración de los infiernos del siglo XX.

Comentar

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s